MARTIN LUTHER KING

¿Cómo nos sentiríamos si por nuestra raza, sexo, credo o pensamiento político no pudiéramos votar, ir sentado en un autobús, entrar a una cafetería, estudiar, trabajar en cargos directivos, ejercer funciones públicas o expresar nuestras opiniones? Si recibiéramos insultos y amenazas en nuestros correos electrónicos, redes sociales o comunidades virtuales. Cómo reaccionaríamos si viéramos un letrero que dijera: «No se acepta la entrada en este local de…».

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Martin Luther King, Jr. National Memorial. Washington, D. C.

Algunas veces conviene imaginarnos cómo sería nuestra cotidianidad en circunstancias adversas  para valorar la importancia de la defensa de los principios y valores de los derechos humanos. Permite reconocer el esfuerzo de aquellas personas que luchan por mantener esos principios sin ceder a la intolerancia, a la desigualdad y a la injusticia. Sabemos que nuestra democracia, con sus aciertos y desaciertos, no es la ideal; pero, hay quienes no se imaginan cómo fueron otros sistemas y cómo en la actualidad hay sociedades que están en lucha por alcanzar derechos básicos que para nosotros son incuestionables.

Conocer otras realidades permite poner en valor la movilización liderada por Martin Luther King en favor de la defensa de los derechos civiles de la comunidad negra de los Estados Unidos. Defendía la democracia como «la forma de gobierno más grande que el hombre haya concebido»; pero, era consciente de las debilidades del sistema y la urgencia de solventarlas. A pesar de que la esclavitud había sido abolida bajo el gobierno de Abraham Lincoln en 1863 las conocidas como las «leyes Jim Crow» establecieron un marco legal de segregación racial que marcó la historia de la primera potencia mundial, un ejemplo de democracia y libertad: la región del «sueño americano».

Martin Luther King comprendió que la transformación más importante tenía que ser en la educación y en la concientización de la sociedad estadounidense. La movilización y la lucha pacífica tenían el objetivo de transformar a las personas. Fue el poder de su palabra, la fuerza de su discurso, la convicción de sus ideales el alma que movilizó a miles de personas, negras y blancas, en favor de un sueño.

Las palabras ostentan autoridad cuando las ideas que se construyen con ellas están ancladas en realidades que se sustentan con verdades. Releer, ver o escuchar I have a dream (Tengo un sueño), discurso pronunciado por Martin Luther King en una manifestación congregada en el monumento a Abraham Lincoln el 28 de agosto de 1963, permite tomar conciencia de la fragilidad que pueden tener los sistemas políticos democráticos sino existe el esfuerzo por mantener la justicia y un estado de derecho que defienda y vele por los derechos humanos y civiles. Quizás por eso la iniciativa de un día para Martin Luther King, cada tercer lunes del mes de enero por su cercanía al 15 de enero (día de su cumpleaños), constituye para los estadounidenses, y para las sociedades democráticas, una oportunidad de recordar que ya avanzado el siglo XXI  la discriminación racial, el racismo o la xenofobia sigue estando latente en nuestras sociedades con datos desafortunados de su evidencia.

En el Informe Anual sobre la situación del Racismo y la Xenofobia en España 2017, elaborado por la Federación de SOS Racismo, se señala la persistencia del «racismo institucional» y de los «conflictos y agresiones racistas» como los dos tipos de discriminación más frecuentes. El informe es «un reflejo cualitativo de la discriminación en sus diferentes tipologías que nos aproxima a una realidad que trasciende el ámbito penal de los delitos de odio». Cuantificar todos los casos para obtener un mapa real es complejo porque las personas que sufren el racismo o la xenofobia no asumen la denuncia como una opción para resolver su situación.

Robert F. Kennedy expresó el día que mataron a Martin Luther King: «En este día difícil, en esta hora difícil para los Estados Unidos, tal vez esté bien preguntar qué clase de nación somos y en qué dirección nos queremos embarcar». Extrapolar esta reflexión al contexto de la vida social actual requiere de madurez política para plantear ambas preguntas a la sociedad y estar dispuestos a escuchar las respuestas.

Artículo originalmente publicado en Heraldo de Aragón, 15 de enero de 2018.

Víctor Manuel Pérez Martínez, profesor e IP del grupo «Cultura digital: mediaciones y discursos», Universidad San Jorge.

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